viernes, 22 de febrero de 2019

Green Book



Dicen que la screwball es una comedia donde hombres y mujeres, ricos y pobres, viejos y jóvenes cambian sus roles. La alegría de la screwball tiene algo de sorpresa al ver las cosas del revés. En Green Book, un chófer blanco es el criado de un elegante jefe negro. El negro es culto y bienhablado, y el blanco es bocazas y grosero. El negro es rico y el blanco es pobre. Pero en la América profunda que recorren los dos, los negros tienen que dormir en hostales de mala muerte y el blanco tiene derecho a todos los caprichos.

El viaje por la América sureña de 1962 es un viaje al corazón de los estereotipos. Los dos son víctimas de sus clichés, de su piel. Los dos buscan un sentido a su identidad en un viaje lleno de bromas sanas y amables con cargas de profundidad.

La road movie de una América apestada de segregacionismo podría haber sido resuelta con una solución bienpensante. La inteligencia de Peter Farelli hace del cliché, del racismo, un elemento de discusión. A veces el rudo conductor entiende la discriminación, porque es italiano, a veces lo entiende el músico negro. Entre los dos negocian la manera de cómo digerir la basura de una sociedad que en estos mismos tiempos quería ser un ejemplo para el mundo.

En el momento álgido, bajo la lluvia, los dos discuten sobre quién es más negro, ¿el Dr Shirley, o el italoamericano? La discusión parece tocar nervio en el músico. No es negro para los negros, ni es un blanco entre los blancos ni es un macho. ¿Es un problema de identidad? Yo diría que es más aún. Tony Lip no tiene derecho a compararse con él, porque él no tiene cerrada ninguna puerta desde el nacimiento.


José Contreras

Enlaces:

Huffpost: Zeba Blay and Matthew Jacobs: ‘Green Book’ Is As Disappointing As It Is Tone-Deaf On Race. However well-meaning, the road trip movie starring Mahershala Ali and Viggo Mortensen has less to say than it thinks.
The observer. Rex Reed: Viggo Mortensen’s Charm Is as Big as His Belly in One of the Best Films of the Decade.




GREEN BOOK ★★★★★
(5/5 stars)
Directed by: Peter Farrelly
Written by: Nick Vallelonga, Brian Currie, Peter Farrelly
Starring: Viggo Mortensen, Mahershala Ali, Linda Cardellini
Running time: 130 mins. 

miércoles, 20 de febrero de 2019

lunes, 18 de febrero de 2019

Diario de una ciudadana de a pie

Día uno. Estoy en la parada del autobús. El día ha amanecido encapotado, pero creo distinguir a lo lejos un cielo libre de nubes. Llevo unos minutos debajo de la marquesina de mi parada y observo de manera discreta el ir y venir de las personas. La gente ensimismada en sus quehaceres no se percata de mi presencia ni de mi observación. Permanezco amparada a la sombra. Pues llevo gafas de sol de manera continua. De esta manera, mi observación puede ser más exhaustiva, no deja huella en los ojos de los demás. Abrigo la esperanza de que no se den cuenta y empiezo a especular que clase de vida llevan. Hace tiempo que el autobús ha pasado de largo sin darme cuenta. Y el siguiente creo que va a tardar más de lo esperado. Me entretengo en mirar los jardines que hace tiempo nadie los riega. El cerco que los protegía ha desaparecido, ahora queda un baldío terreno que es difícil recuperar. Alguna flor asoma tímidamente recordándonos que empieza la primavera, con tanto empeño que se diría que nos da la bienvenida. Y pienso que, la resistencia que ofrece, la protegerá contra el viento y la marea.

Pero las fachadas irrumpen mi percepción y no logro reconocer lo que en un tiempo fue un bello barrio. Mi incursión de observador cesa bruscamente porque el autobús acaba de llegar. No he estado atenta y me precipito hacia él. No quiero que me vuelva a dejar en el mismo lugar de antes. Sonrío con un gesto que no dice nada. Pero a él, al conductor, no le importa; está acostumbrado a los gestos sin motivo de los usuarios; y responde de la misma manera. Procedo a sentarme. Es habitual que escoja el último asiento. Siempre hago lo mismo. Es un hábito adquirido que no puedo superar. Me da igual que sea un autobús que cualquier otro medio de transporte. Es una manía que tengo. Pero estoy pensando que queda poco tiempo para llegar a mi parada. El tráfico me lo pone difícil y una llamada que no espero interrumpe mis pensamientos. Mi objetivo es llegar, sí, pero no con prisas; estas añaden a mi temperamento emocional un deje de estrés que no puedo controlar. Nada de esto me beneficia. Me predispone en una tesitura que no quedaría bien en una dama. Y me esfuerzo, impulsada por un control que está a punto de desaparecer. Estoy convencida que, antes que llegue mi parada, tendré un magnifico sentido del humor. Hoy es un día diferente, intento poner en práctica las lecciones de cómo ser más feliz con poco. Pero con poco ¿de qué? De amigos, de tiempo, de lugares de ensueño, de vacaciones sin retorno. Dejo a un lado estos pensamientos negativos y me embarco en otras preocupaciones. Tengo que estar a la altura de este compromiso –pienso–, pero no es fácil ser amable y encantadora; supone un gran esfuerzo adivinar en cuestión de segundos cómo permanecer increíblemente inteligente delante de quien no conoces. Pero alguien dijo que es cuestión de práctica. Entones creo que hoy es el día en el que tengo que practicar. Pero hoy es un día especial. Reconozco que lo tengo difícil. No conozco a mis contertulios de mesa. Y la mesa ya está reservada. No pude decir que no. Tampoco puedo predecir si la situación quedara en tablas. Solo tengo que llegar. Cuando llegue a mi parada, sabré si ha sido una buena elección ponerme una falda estrecha y unos zapatos de tacón. Esta es bastante ajustada y los tacones son altos. Bajarme del autobús va a ser un problema; esta contrariedad me distrae. Veré si cuando llegue a mi parada, tendré que hacer alguna maniobra rara para bajarme con discreción y elegancia. Y me pregunto: ¿Por qué no habrá una manera más fácil de subir y bajar del autobús para alguien que lleve falda estrecha y zapatos de tacón? Veré qué puedo hacer. Creo que puede ser una buena reivindicación. Ahora que las mujeres están en el poder. De esta manera habría más zapatos de tacón resonando en las aceras. ¡Esto último no lo digo yo! Por fin he llegado. El lugar es un laberinto de obras, el ayuntamiento ha levantado todas las aceras; las buenas y las malas, no hay por donde pasar. Las grúas invaden todo el espacio por donde los viandantes pasamos a trompicones. Son tan altas que llegan hasta la última planta del Hotel… Dicen que es para rehabilitar los antiguos edificios y convertirlos en hoteles low cost.

Hay un polvillo suspendido en el aire que hace difícil respirar. Las grúas remueven el pavimento abriendo profundos boquetes, desde arriba se pueden ver las profundas cavidades de la ciudad a cielo abierto. Da miedo y piensas ¿si hay un escape de gas donde iremos? Pero el ayuntamiento en base a su buen juicio, ha acordonado un largo y estrecho pasillo por el cual pasamos un ejército de ciudadanos cada día en cuestión de minutos. Apuro el paso para cruzar el pasillo que, sin duda, es el camino más corto. Es de suponer que este lío es provisional. Somos muchos los viandantes que cruzamos por allí. Algunos van con maletas, mochilas y carritos de niños; todos nos aventuramos a tropel por el estrecho pasillo por donde, los que vienen de frente, se topan con los que venimos de atrás. Es un verdadero caos. Pero por fin consigo salir de aquel tapón. Hace tiempo que no voy por allí. Es un verdadero mosaico de gentes de la más diversa procedencia y condición. El idioma inglés predomina según avanzo por la calle; esto me sorprende, y, entonces, alguien se me acerca y me pregunta una dirección que no entiendo porque todo es en ese idioma. Entonces me acuerdo que es un reto que permanece en el olvido. Me quedo en silencio; ¡como me hubiera gustado responder a esa pregunta! Pero respondo brevemente con un clásico: I'm sorry, I don't speak English. Que todo el mundo conoce. Y de esta manera me quito el compromiso y sigo mi camino. El ruido de las grúas persiste, y los agujeros de la calle son cada vez más profundos. Parece una zona abatida… Aligero el paso y me alejo…

Ana Lozano

domingo, 17 de febrero de 2019

Microrrelatos

                                                              UNO + UNO + UNO 



      Un día que estaba de vacaciones en tierras del Cantábrico caminando por la playa, reparé en un hombre que se agachaba a cada momento, recogía algo de la arena y lo lanzaba al mar. Hacía lo mismo una y otra vez. Al principio, pensé en un deporte como otro cualquiera de flexiones. Me aproximé y observé que lo que agarraba eran estrellas de mar que las olas depositaban en la arena, y una a una las arrojaba de nuevo al mar. Le pregunté por qué lo hacía, y me respondió: "Estoy lanzando estas estrellas marinas nuevamente al océano, para que tengan una nueva oportunidad”. 
      Yo no entiendo de mar, pues soy de tierra adentro, y él lo percibió en mi rostro y continuó: Como ves, la marea está baja y estas estrellas han quedado en la orilla. Si no las devuelvo, morirán aquí por falta de oxígeno. "Entiendo” -le dije-, pero debe de haber miles de estrellas de mar sobre la playa, no puede lanzarlas todas. Son demasiadas, teniendo en cuenta que esto sucede probablemente en cientos de playas a lo largo de la costa. Y veo que le exige demasiado esfuerzo, pues los años no perdonan y tiene poco sentido con su edad este sacrificio. “No tiene sentido”. El hombre me sonrió, ¿no tiene sentido? Se inclinó y tomó otra estrella marina y mientras la lanzaba de vuelta al mar me respondió: ¡esta sí lo tuvo!"
      Esta lección es aplicable en nuestra vida, para cada uno, ¡en tantas acciones! 
No puedo cambiar el mundo pero sí a mí mismo y mi entorno. No puedo salvar el mundo de tanto residuo tóxico indestructible, pero puedo reducir el mal uso o abuso de algunos materiales, y depositarlos en sus contenedores y clasificarlos bien para el reciclaje correspondiente. No puedo evitar la guerra, pero sí puedo ser un remanso de paz en el entorno en el que me muevo. Y así con cada acto de mi día. 
Uno + Uno + Uno



                                                       GESTIONANDO LOS PROBLEMAS 




El panadero me contrató para ayudarle a reparar su viejo horno. Acababa de finalizar un duro primer día de trabajo. Su taladrador eléctrico se dañó y le hizo perder una hora de trabajo, y ahora el antiguo camión se negaba a arrancar. Me ofrecí a acercarle a su casa. Mientras le llevaba, estaba sentado en silencio, cansado, contrariado pero sereno. 
Cuando llegamos a su casa, me invitó a conocer a su familia, y mientras nos dirigíamos a la puerta, se detuvo brevemente frente a un pequeño árbol que tenía en el jardincillo, tocando las puntas de las ramas con ambas manos. 
Al abrirse la puerta, el rostro de aquel hombre se transformó, sonrió, abrazó a sus dos pequeños hijos y le dio un beso a su esposa. Luego me acompañó de vuelta hasta el coche. Cuando pasamos cerca del árbol, sentí curiosidad y le pregunté, señalando al arbusto, qué había hecho un rato antes. Se hizo el despistado, pero mi pregunta esperaba tras mi mirada. "Oh, ese es mi árbol de los problemas", contestó. "Sé que no puedo evitar tener problemas en el trabajo, y a lo largo de la jornada. Pero una cosa es segura: los problemas no pertenecen a la casa, ni a mi esposa, ni a mis hijos. Así que simplemente los cuelgo en el árbol cada noche cuando llego a casa. Luego, a la mañana siguiente, los recojo otra vez. ¿Y sabes...? Lo bueno es -concluyó sonriendo- que cuando salgo por la mañana a recogerlos, no hay tantos como los que recuerdo haber colgado la noche anterior".
Ese día aprendí una lección magistral que trato de practicar todos los días. No niego la realidad cuando hablo con mi esposa, pero ya no la presento como problema, para no añadir un peso más, y así también  hacerme más cargo de los suyos. 


EL MEJOR REGALO 


Con frecuencia nuestros hijos nos dan lecciones que nos hacen reflexionar.
Hace un tiempo, un amigo mío me contaba arrepentido y emocionado una pequeña  anécdota. Un día regañó a su hija de tres años por gastar un rollo de papel de envolver regalos.  No andaba muy sobrado de dinero y lo tenía reservado para un compromiso. Por eso se enfureció cuando la niña trató de decorar una caja para ponerla bajo el árbol de Navidad.   
A pesar de la regañina, la pequeña llevó este regalo a su padre a la mañana siguiente. Acercándoselo hasta su cama, diciendo: "Esto es para ti, papá". Me contó que él estaba turbado por su excesiva reacción del día anterior, pero se molestó de nuevo cuando vio que la caja estaba vacía. Le dijo "¿No sabes que cuando le das a alguien un regalo se supone que debe haber algo dentro?" 
La pequeña lo miró con lágrimas en los ojos y dijo: "Pero, papá. No está vacía. He puesto muchos besos en la caja, la he llenado y todos son para ti, papá". 
El padre se quedó hecho polvo. Rodeó con sus brazos a la pequeña y le pidió que le perdonara. Este amigo me decía que conservó esa caja visiblemente muy mal forrada, sin ningún valor material, junto a su cama, durante años. 
Y siempre que estaba descorazonado, triste, preocupado…, sacaba un beso imaginario y recordaba con cuánto amor lo había puesto allí  su pequeña. 
Realmente, a todos los padres se nos ha dado una caja de regalo llena de amor incondicional y besos de nuestros hijos. Es la posesión más preciosa que se puede tener.

Lucía Sanz







sábado, 16 de febrero de 2019

Mujeres famosas

Durante siglos decenas de mentes brillantes de mujeres fueron silenciadas por su condición de género. Muchos de los grandes hallazgos de la ciencia se consiguieron gracias a ellas. Pese a que la discriminación de la mujer se ha dado en todos los ámbitos, en el de la ciencia es donde más se ha quitado importancia a las mujeres. Se las ha ocultado, ignorado, marginado, etc, etc. Las mentes masculinas se llevaron los méritos de grandes investigaciones y descubrimientos. Resulta sorprendente descubrir la cantidad de mujeres que han tenido que soportar que el reconocimiento de su trabajo fuera robado o expropiado por un hombre. Por fortuna cada vez se está haciendo más fuerza para dar el reconocimiento a las mujeres en todos los campos.

MARIE CURIE

Fue una científica polaca, licenciada en física y matemáticas. Gracias a las investigaciones, que hizo junto a su marido, descubrió dos elementos: el radio y el polonio. Se convirtió en la primera mujer en recibir el Nobel de Física. Años más tardes también recibió el Nobel de Química.

ALICE BALL

Desarrolló un tratamiento para combatir la lepra, antes del descubrimiento de los antibióticos.

KATERINE JOHNSON, DOROTY VAUGHAN Y MARY JACKSON

Esta tres mujeres afroamericanas hicieron posible la llegada del hombre a la Luna. Trabajaban como matemáticas en los años de la discriminación social, por lo que su trabajo no fue reconocido. Sus impecables cálculos fueron los que permitieron ese gran acontecimiento.

LISE MEITNER

Física sueca, fue la verdadera autora del descubrimiento de la fusión nuclear. Su compañero de investigación OTTO HAHN recibió el premio Nobel en su lugar ya que ella por su condición de judía tuvo que huir de Alemania.

ELIZABETH BLACKBURN

Bioquímica australiana, fue la descubridora de la telomerasa, una enzima capaz de alargar la vida de las células. Este descubrimiento se está estudiando para aplicarlo al estudio de terapias contra el cáncer. Le valió el premio Nobel de Medicina en el año 2009.

RITA LEVI-MONTALCINI

Neuróloga, su descubrimiento fue el factor de crecimiento nervioso (unas proteínas que pueden evitar la muerte celular). Recibió el Nobel de Medicina en 1986

ROSALIND FRANKLIN

Halló la doble hélice del ADN. Este descubrimiento se lo atribuyeron tres compañeros (hombres) que trabajaban con ella.

Podría seguir hablando de muchas más mujeres ignoradas por la historia, pero voy a terminar haciendo mención también a las científicas españolas y vivas que tenemos en nuestro país.

MARGARITA SALAS

Profesora AD-HONOREM del Centro de Biología Molecular Severo Ochoa. Su principal descubrimiento ha sido la caracterización de la enzima ADN polimerasa del virus Phi 29 con numerosas aplicaciones en biotecnología.

FLORA DE PABLO

Doctora en medicina, investiga en el Centro de Investigaciones Biológicas del CSIC. Estudia sobre la muerte celular. Además de investigar, participa en la lucha para que las mujeres tengan su reconocimiento en el mundo de la investigación. Es fundadora de la Asociación de Mujeres Investigadoras y Tecnólogas.

MARIA BLASCO

Bióloga molecular. Directora del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas. Sus estudios están encaminados a evitar el acortamiento de los telómeros y retrasar los problemas asociados al envejecimiento.

Aún podría añadir más mujeres españolas, que están aportando mucho a la investigación sobre temas relacionados con la medicina, y que contribuirán a que el futuro de la humanidad sea mejor y muchas enfermedades puedan ser combatidas debido a sus descubrimientos. Afortunadamente gracias a los avances en el reconocimiento a las grandes mentes femeninas, ellas pasarán a la Historia con sus nombres y descubrimientos.

Datos extraídos del artículo de María Moya, Laura Marcos y Victoria González publicado en la Revista “MUY INTERESANTE”

Mercedes Gozálvez