jueves, 19 de enero de 2017

La novata

Recuerdo que siendo muy niña mi padre acostumbraba a leernos historias, a mis hermanas y a mí, cuando nos íbamos a la cama.

Aquellas historias, que escuchaba contar a mi padre, con aquella voz que daba efecto a la trama de la historia, acurrucadita en mi cama, me transportaban a lugares insólitos cada noche.

Yo era la que viajaba en aquel submarino, la que surcaba los mares enfrentándome a monstruos marinos y con mi arpón cazaba a la ballena asesina, la misma que abrazaba a sus hijos al volver de la guerra, el jefe indio que fumaba la pipa de la paz con el de la casaca azul, y siempre la que al final lloraba y mucho.

Cada noche esperaba impaciente la hora de irme a la cama, cada noche un capítulo, cada noche una emoción, un encuentro, un sobresalto. Un cúmulo de impaciencia por llegar al final de la historia y a la vez un no querer que se acabase nunca.

Aquello no duró mucho, nosotras ya dormíamos cuando mi padre llegaba a casa.

Ya no tenía historia por las noches, así pues me la tenía que inventar. Mi imaginación bullía, no descansaba, alguna vez he llegado a pensar que tenía un problema de déficit de atención, siempre estaba en las nubes pensando e imaginando cosas que me transportaban fuera de la realidad en la que vivía.

En mi adolescencia ya empecé a escribir cositas cortas, pequeños poemas, ya sabéis del tipo de cuando empiezas a tontear con los chicos, también lo intentaba con mi madre, con un paisaje, en fin, tonterías varias, al menos eso pensaba yo y casi siempre todo acababa en la basura hecho mil pedazos.

Cuando fui madre me gustaba mucho contar historias, que inventaba, a mi hija, eran historias cortas, divertidas, adaptadas a su edad y que ella disfrutaba de lo lindo.

Siempre he tenido la necesidad de escribir de transmitir lo que siento, algo que está dentro de mí, y que me dice tienes que compartirlo, pero encontrar las palabras justas y plasmarlas en un folio no es tarea fácil.

Siento verdadera pasión por las personas que tienen la capacidad y el ingenio de expresar con palabras todos sus sentimientos y que llegan a crear historias capaces de atrapar a los lectores y transportarlos a otras realidades.

Yo quisiera ser como ellos, aunque mi creatividad deja mucho que desear, si bien lo intento.

Por ahora me conformo con reflejar y plasmar mis emociones más íntimas y convertirlas en palabras, en algo claro. Para algunos no significaran nada, a otros, quizá, les hará reflexionar.

Dicen que los escritores escriben para ser leídos, para llegar a emocionar al lector, yo escribo para que tú me leas y para compartir contigo mis inquietudes, al menos esa es la idea.

Paloma S.

viernes, 13 de enero de 2017

Fernando Aramburu: "No he escrito 'Patria' para juzgar a nadie"

ELENA HEVIA / BARCELONA
El Periódico. MARTES, 20 DE SEPTIEMBRE DEL 2016

Acompañado por el runrún de que 'Patria' (Tusquets) es la gran novela española del año, Fernando Aramburu (San Sebastián, 1959) llega a Barcelona después de haber sido convenientemente mimado y cuidado en Euskadi por su madre, su ‘ama’, que a los 91 años es la constatación de esa cualidad berroqueña de las mujeres vascas. La novela, más de 600 páginas, entreteje las vidas de dos familias a las que un atentado coloca a un lado y al otro de las certezas y las ideologías y dibuja tres décadas de muerte, dolor y silencio al tiempo que se suceden los atentados de ETA.

¿Podía haber abordado esta novela si no se hubiera producido el anuncio del cese de las armas en Euskadi?Podía haber escrito otros libros pero no 'Patria', porque el cese me coloca en una situación narrativa especial, la del escritor que tiene la sensación de que algo atroz ha terminado y se encuentra en un momento propicio para evocar y relatar, sabiendo que no va a haber durante su trabajo un nuevo atentado que le obligue a recapacitar y a añadir matices sobre lo escrito. La materia narrable parece quieta y se puede contemplar como un objeto.

En un determinado momento de la obra hace un retrato esquinado de sí mismo en la figura de un escritor que presenta un libro que perfectamente podría ser 'Patria'. ¿Por qué? La novela tiene diversos anclajes con la vida real. Se mencionan atentados que sucedieron realmente y en un momento dado, sin nombrarme, me introduzco, no protagonizando ningún hecho de la novela, sino observado como escritor conferenciante por uno de los personajes, a quien no le gusta todo lo que digo. Esa intervención pública se dio exactamente así.

¿Sirvió ese momento para pensar mientras escribía cómo iba a ser recibida la obra en Euskadi? Como no es el primero que escribo sobre la violencia estaba más o menos preparado para saber que el libro iba a tener una primera lectura de tipo social o político. Espero que los lectores se animen a disfrutar la novela en cuanto a construcción literaria.

Pero como material para el debate es demasiado potente para que solo sea así. Tenía claro que no debía intervenir fuera del texto. Ahora estoy muy opinante porque estoy promocionando el libro pero la tarea ya está terminada. Quise que la novela fuera recibida sin prólogos, ni dedicatorias, apenas un glosario final para aquellos que no conozcan la lengua vasca. Pero las referencias se disparan sin que yo me haya dado cuenta. La foto de portada, por ejemplo, que acepté cuando me la propuso la editorial, luce un paraguas rojo; solo mucho después lo asocié al paraguas de ese color que llevaba el periodista José Luis López de la Calle cuando lo mataron. Pero en fin, es cierto que el libro no está interviniendo en las conciencias solo como un entretenimiento o por su posible relieve literario, sino como un documento humano.

Esa es la grandeza de la literatura respecto al ensayo. La novela hace una radiografía de un elenco de personajes con la que el lector tiene la posibilidad de acceder a la vivencia íntima de la violencia y las condiciones sociales a los que han tenido que vivir numerosos ciudadanos vascos. Si la novela está bien hecha, el lector se preguntará: ¿Qué habría hecho yo si soy una madre de un hijo que ha matado y está en la cárcel? Puede ver un mundo que le puede resultar cercano desde otra mirada y cotejarla y por esa vía, llegar a emocionarse.

Como escritor ha querido dar una imagen global de la sociedad vasca y aunque su comprensión está con las víctimas también ha retratado a los victimarios con toda su densidad y contradicciones. Uno de los etarras escribe a la mujer del Txato, víctima de la violencia para decirle: "Yo no entré en ETA para ser malo". Y yo no he escrito 'Patria' para juzgar a nadie. No opero con personajes que son meros recipientes de ideas. Quiero entender por qué un muchacho que nace puro e inocente, se educa y crece en un entorno social determinado, poco a poco junto con otros de su edad entra en una organización armada y comete ciertos actos. Eso es también obligación mía. Colgarle el sambenito e influir en el lector orientándole ideológicamente es el mejor camino para una novela mala.

Los escritores suelen decir que se identifican con todos sus personajes. ¿En un caso como éste ha operado también ese reconocimiento, también con los criminales? Yo no me meto en la piel de nadie. Mis personajes son construcciones literarias. Lo que sí es cierto es que hay personajes que me caen mejor porque me permitían un mayor provecho literario. Esto a veces, claro está, puede suceder con el malo de la película. Los villanos más complejos y perversos suelen ser más provechosos que los que viven situaciones de equilibrio, porque mueven a la acción.

El libro muestra la violencia física pero sobre todo la violencia cotidiana, el miedo y el silencio al que se ha visto abocada la sociedad vasca y que da como resultado una colección de soledades. ¿Ese es el tema? Hay una suma de sentimientos. Pienso en el personaje que se cierra a la felicidad, el que exacerba su sensación de culpa, en el personaje femenino que se monta un parapeto de vitalidad y viajes para no ver el crimen puro y duro que tiene delante, el que huye y renuncia a su vocación y a sus sueños. Pero pienso sobre todo en la idea del perdón. Si me pregunta por el verdadero tema, la columna vertebral de la novela, más que el miedo, sería el perdón, algo sobre lo que la clase política no debería decir gran cosa porque es algo muy personal.

También es la historia de dos mujeres muy fuertes, dos abejas reinas, que es fácil situar en el País Vasco en el que tanto se habla de matriarcado. He conocido tantas mujeres parecidas a Bittori y a Miren...

Empezando por su propia madre… Empezando por mi madre, sí, ella podría ser una de estas dos mujeres. Junto a ellas, este hombre temeroso, tímido y trabajador, con poca capacidad de palabra, también ha sido una presencia habitual en mi vida.

El libro conduce a una tímida lucecita final de esperanza. ¿Eso es un deseo o la constatación de a dónde se ha llegado en cinco años de paz? Fue lo primero que se me ocurrió. Esa imagen final con las dos mujeres. La novela completa nació para dar respuesta a ese encuentro porque empecé sin una trama determinada. Creo que ese final obedece más bien al deseo, no quería acabar la novela de una forma negativa, pero tampoco ser ingenuo.

¿Cree, como dice en la novela, que la literatura vasca está poniendo ya en marcha la derrota de ETA? Bueno, eso es una metáfora, claro, pero se trata de lograr un tipo de relato que rebata la falacia de relatos glorificadores del terrorismo.

¿Es porque la literatura vasca ha estado más cerca de victimario que de la víctima? Ha habido de todo. La literatura es más lenta en levantar un relato que la historiografía o el periodismo. Postulo que el escritor debe ponerse a la tarea y si es contemporáneo de los hechos sucedidos su relato tendrá ciertas virtudes de veracidad.

Pero hay muchos jóvenes escritores hartos del asunto, con ganas de escapar al tema de la violencia al igual que hace uno de sus personajes. Me parece interesante que existan multitud de miradas. No es cierto que todos debamos contar lo mismo y en el mismo tono. Hay versiones que me parecen reprobables, aquellas en las que el agresor aparece como un héroe o en las que se espectaculariza el dolor de las víctimas. Pero dejando esto de lado, cada cual tiene sus perspectivas. Yo nací aproximadamente en los días en los que nació ETA, viví muy de cerca los llamados años de plomo, en la transición, cuando ETA mató más que nunca.

¿Es por eso que dice en el libro dice, refiriéndose a sí mismo, "yo estuve expuesto, como tantos otros chicos, a la propaganda favorecedora del terrorismo"? Hay un atentado de ETA que me conmocionó especialmente, sin que eso signifique que los anteriores no fueran terribles, fue el del senador Enrique Casas en 1984.

¿Por qué? Porque vi cómo metían el ataúd en la Casa del Pueblo de un barrio de San Sebastián y tuve por primera vez la sensación directa de la muerte, de cómo le habían segado la vida a un hombre. Hasta entonces yo había visto fotos en los periódicos, imágenes en la televisión, nada comparable a aquello.

Humanizó al muerto. Exacto. Ver la caja me llevó a pensar en los hijos, en la mujer, en que aquellos hechos tenían una onda expansiva mucho mayor. Yo ya escribía poemas pero me dije que algún día escribiría sobre esto. Preguntarme qué pasa al día siguiente de que el muerto ocupe un lugar en los periódicos me hizo novelista. Se suele hablar del silencio pero he descubierto que el más impresionante es el de las madres, viudas de asesinados, que no saben si contar a sus hijos pequeños lo que ha pasado o esperar más adelante para protegerlos y evitar que crezcan con dolor.


Usted vive en Alemania donde se ha hecho un gran esfuerzo para elaborar el sentimiento de culpa de un pasado atroz. ¿Cree que en Euskadi están en la buena dirección a este respecto? A los alemanes les costó tiempo. La primera generación después de la segunda guerra mundial guardó silencio porque necesitaban ordenar sus vidas, trabajar y criar a sus hijos. La generación posterior se lo reprochó. Yo soy reacio a hablar de la sociedad vasca como un todo, porque no es homogénea, pero estos días se me ha acercado mucha gente a pedirme una firma. Me comentan sus reacciones de lectores y cada uno lo vive y lo expresa a su manera porque no todos son escritores. Pero es verdad, las cosas van bien encaminadas y la prueba es que yo he aportado una novela de la que se habla mucho en los medios de comunicación y esto hace que la gente escriba y reflexione. Hay que crear testimonio, materia recordable y si las personas tienen acceso a ella, los ciudadanos vuelven a posicionarse.

jueves, 12 de enero de 2017

Recuerdos

No sé sí es que estas fechas que acabamos de pasar han revuelto un poco mis recuerdos.

Pero el otro día pensando un poco en lo que había sido mi vida a lo largo de estos años, recordé

todas las cosas antiguas que ya no se utilizan y hemos ido cambiando por otras mas ¨modernas¨sin pensar que si no hubiese sido por esas antiguallas, hoy no difrutariamos de estas cosas de última generación que parece estamos tan orgullosos de utilizar.

Cuando era niña para escribir utilizábamos el lápiz, y para escribir las ¨cartas¨que nos enviábamos la familia, la pluma con un palillero y mojando en un tintero,, que la mayor parte de las veces, se caía, o hacíamos un borrón. Mas tarde la pluma estilográfica ¡ya no había que mojar el plumín!

La Radio, que había que Tenerla en un lugar fijo y era casi tan importante o más que ahora la T.V. (para mí sigue siéndolo.)

...La máquina de escribir con un teclado muy alto y sobre todo duro, que te obligaba a dar verdaderos porrazos a las teclas, mas tarde llegaron las eléctricas, que gozada ya dabas a las teclas que te hubieras equivocado y se borraban.

Os puedo contar tantos y tantas cosas de esos artículos que nos han ido haciendo la vida más fácil que este pequeño articulo sería demasiado largo.

Lo que si puedo contaros es que yo he sido casi la principal espectadora del nacimiento de todo esos artículos que hoy parecen casi indispensables.

Pero os voy a decir un secreto, yo estoy muy orgullosa de haber utilizado esas antiguallas

¨

Fdo: Laura Oñoro

miércoles, 21 de diciembre de 2016

Sólo soy yo. Teatro

Miércoles 21 de diciembre de 2016
El grupo de teatro del CEPA Pablo Guzmán "Armonía
A las 17.00 horas
Representación de la obra


“Sólo soy yo”


Basado en la leyenda “El origen del amor ciego”.
Adaptación y arreglos: David Díaz León

Reparto:

Narrador: . . . David
Amabilidad: . Mary
Amor: . . . . . . Marisa
Avaricia: . . . . Alicia
Creatividad: . Juani
Curiosidad: . . Encarna
Felicidad: . . . . Rym
Generosidad: . Ma Carmen
Idea:......... Miguel Ángel
Maldad: . . . . . Riansares
Locura: . . . . . Raquel
Pesimismo . . . José

Presentación:

Obra:

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A continuación

Con las voces del grupo "Armonía"

Villancicos Navideños

Adeste Fideles


 Las palmeras de mi tierra


Din, Don

Esta noche nace el niño


La gente se quiere mucho



Los campanilleros |



Además la novedad

El chotis de Belén



Dime niño de quién eres


lunes, 19 de diciembre de 2016

Los Justos

Un hombre que cultiva su jardín, como quería Voltaire.
El que agradece que en la tierra haya música.
El que descubre con placer una etimología.
Dos empleados que en un café del Sur juegan un silencioso ajedrez.
El ceramista que premedita un color y una forma.
El tipógrafo que compone bien esta página, que tal vez no le agrada.
Una mujer y un hombre que leen los tercetos finales de cierto canto.
El que acaricia a un animal dormido.
El que justifica o quiere justificar un mal que le han hecho.
EI que agradece que en la tierra haya Stevenson.
El que prefiere que los otros tengan razón.
Esas personas, que se ignoran, están salvando el mundo.

Jorge Luis Borges (La cifra, 1981)

miércoles, 30 de noviembre de 2016

Eduardo Mendoza Príncipe de Asturias

Cinco novelas de Eduardo Mendoza que no te puedes perder


Otros de los dos candidatos del Premio Cervantes lo han definido -no sin segundonería- como "correcto" o "digno". Pero a Mendoza se le conoce leyéndole. Aquí cinco de las obras que conforman su perfil.
El Español

Satírico, humorístico, esperpéntico, transgresor sin perder la mesura, carnavalesco sin renunciar a la elegancia. Eduardo Mendoza (Barcelona, 1943) es el Premio Cervantes 2016. Luis Goytisolo, el eterno candidato, lo ha definido como un narrador "muy correcto", y Álvaro Pombo, otro de los aspirantes al premio más importante de las letras españolas, ha tildado la elección de "digna". Pero Mendoza es un autor prolífico que ha hecho de Barcelona su cuartel general y la ha exprimido hasta traducirla en un sardónico retrato del ser humano, en un dibujo social que sólo tiene grietas en forma de coñas.

Se mueve por los páramos más extraños: la novela negra, la gótica, la picaresca, coquetea con el absurdo, con el surrealismo y hasta con el folclore. Aquí cinco de las obras que no se puede perder nadie que quiera conocer al nuevo heredero de Cervantes.

1. LA VERDAD SOBRE EL CASO SAVOLTA

La primera. La imperdible. La publicó en 1975, estando en Estados Unidos -en 1973 se marchó a Nueva York como traductor de la ONU-. Su título original era Los soldados de Cataluña, pero la censura franquista le obligó a rebautizarla. Su protagonista, Javier Miranda, es un chico vallisoletano que viaja a Barcelona a principios del siglo XX en busca de trabajo. Entra a trabajar en un despacho de abogados y pronto conoce a su mentor, el empresario francés Paul André Lepprince. La verdad sobre el caso Savoltase desenvuelve en un mosaico de sucesos turbios, de ambiciones, de recuerdos, y, por qué no, de amor, gracias a la fascinante María Coral -que enloquece a Lepprince-.

El Premio Cervantes 2016 le ha sido concedido a Mendoza, precisamente, porque con esta novela "inaugura una nueva etapa en la narrativa española en la que se devolvió al lector el goce por el relato y el interés por la historia que se cuenta, y que ha mantenido a lo largo de su brillante carrera como novelista". Muchos llaman a esta obra "la primera novela de la transición democrática", ya que recoge el panorama de luchas sindicales de principios del siglo XX y la realidad social, cultural y económica de la Barcelona de la época.

A los pocos meses de su publicación murió el caudillo. Al año siguiente, recibió el Premio de la Crítica. Marcó un hito.

2. EL MISTERIO DE LA CRIPTA EMBRUJADA

Es la primera novela de la serie del detective anónimo y se mueve entre la parodia hilarante, la novela negra y la gótica. Se publicó en el año 1978, y su estela late hasta 2015, con El secreto de la modelo extraviada -ese libro que se leyó Rajoy y de cuyo nombre, siguiendo la doctrina cervantina, no quiso acordarse. Para escribirla, necesitó abandonar esa España "triste, amarga y violenta" y sólo así pudo escribir "divirtiéndome como nunca antes lo había hecho".

La obra arranca cuando el comisario Flores, inspector de la Brigada de Investigación Criminal, asume el caso de la desaparición de una niña de un colegio internado de madres lazaristas. Decide buscar ayuda en un antiguo criminal depravado, que está interno en un manicomio. El trato es este: encontrar a la cría a cambio de su libertad. Pero, ¿habrá recuperado el control de sí mismo un demente que ha estado cinco años interno?

3. EL LABERINTO DE LAS ACEITUNAS

Es la segunda novela protagonizada por el detective sin nombre y es la que consolida a Mendoza como uno de los autores con más éxito de ventas allá en 1982. Este trabajo es un atentado contra las normas del realismo, e incluso de la verosimilitud: ahora el detective demente cuenta, heterodoxo, su aventura. Se enfrenta a una red desconocida de maleantes que trata de recuperar a toda costa un maletín repleto de dinero y perdido en curiosas circunstancias. Vuelve a dibujar el autor una sociedad que, sólo existiendo, es parodia de sí misma, y que se desenvuelve incoherente y ridícula en diferentes registros expresivos. La imaginación de Mendoza salta como un resorte, y, tras superar el humor y absurdo, cae en triple salto mortal en el esperpento, en el puro surrealismo.

4. LA CIUDAD DE LOS PRODIGIOS

Este trabajo -publicado en 1986- está considerado por la crítica literaria como su obra cumbre. No quiere ser una novela histórica y el autor lo deja claro en el prólogo. Pretende ser una "transcripción de la memoria colectiva de una generación de barceloneses". La ciudad de los prodigios es un retrato vivo de la ciudad de Barcelona entre las expos de 1888 y 1929. Habla del estancamiento inicial, del desarrollo industrial, de la vorágine económica y social a través de Onofre Vouvila, representante del ideario colectivo de las clases sociales más bajas: un chaval de origen humilde que, a base de esfuerzo y de un carácter sórdido y cruel, sin escrúpulos, se convierte en uno de los hombres más ricos e influyentes no sólo de Cataluña, sino de toda España. Onofre, que da el pistoletazo de salida como personaje repartiendo panfletos anarquistas, muta en especulador inmobiliario. La novela fue adaptada al cine en 1999 por Mario Camus.

5. SIN NOTICIAS DE GURB

De nuevo, humor y surrealismo. Publicada en 1991, Sin noticias de Gurb cuenta la búsqueda de un extraterrestre que ha desaparecido tras adoptar la apariencia de la cantante Marta Sánchez -cómo no, en la ciudad de Barcelona-. La historia la narra otro alienígena que, después de mutar en el conde-duque de Olivares, se convierte en Miguel de Unamuno, Paquirrín, Isoroku Yamamoto, el duque de Kent o Alfonso V de León. Es una novela de cambio, de adaptación a la vida de este planeta, que oscila entre la sátira y la paradoja. Mendoza vuelve a extraer de su ciudad la versión más satírica y carnavalesca del ser humano para trazar un retrato social en el que entremezcla su personal conciencia artística.

jueves, 24 de noviembre de 2016

Desde mi atalaya

Hermosa mañana primaveral. Sentado a la sombra de unos prunos que inician el paso de la floración al nacimiento de la hoja. Bellos sonidos de pájaros que revolotean junto a una fuente cercana, y en lontananza unos jóvenes que juegan con un balón. Mira por donde al viejo setentón que desde la lejanía los contempla le da por pensar:

Estamos en la actualidad con una gran crisis, y los de vuestra edad o parecida quizás la acuséis más si cabe, pero cuidado porque la mayoría de la gente solo piensa en la económica y no se da cuenta de la crisis de valores que venimos padeciendo desde mucho antes de que conociéramos a la "prima" de ese tal "riesgo". Hoy el concepto que se tiene de honradez, humildad, caridad, honor, patriotismo etc., es el de algo ya pasado de moda o algo peor como puede ser que el honrado es tonto, el humilde idiota, y si queda algún patriota será "facha".

No soy dado a dar consejos, pero si pudiera os diría tres cosas que creo importantes. Cultivad valores.  Estudiad. Divertíos sanamente —y eso descarta el exceso de alcohol y otras sustancias—. ¡Como me gustaría hablar con vosotros acerca de los motivos más frecuentes que alegáis para no estudiar! En cualquier caso si me gustaría que pensarais en algo que yo asumí desde hace muchos años, y es que: no todo el mundo puede estudiar cualquier cosa, pero si todo el mundo puede estudiar algo.

Como jubilado obediente todavía tengo que hacer dos recados esta mañana y por tanto tengo que marcharme. ¡Ah, y comprar el pan!. Adiós chavales.

David

Pobreza energética


El caso de la anciana encontrada muerta en su casa a consecuencia de prenderse su habitación por unas velas, me ha indignado. Llevaba dos meses alumbrándose con velas, porque la compañía le cortó la luz por impago; no aplicaron el protocolo adecuado en estos casos y se llevó a cabo una injusticia.

Me parece indignante que falte solidaridad con los más desfavorecidos, por parte de las grandes empresas. ¿No ganan lo suficiente ya? La crisis está dejando muchos damnificados, ojalá la justicia actuara firmemente en contra de estas compañías usureras, las empresas deberían estudiar cada caso individualizado.

Somos números para las grandes compañías, no empatizan con las historias trágicas que sufren muchas personas.

¿En qué mundo vivimos? estamos deshumanizados totalmente.

Yo espero que nos demos cuenta antes de que sea demasiado tarde, deseo que haya más comprensión a todos los niveles y sobre todo de nosotros los ciudadanos de a pie, para denunciar estos casos de abuso de las grandes fortunas.

Puede que se produzcan más casos, pero hay que sentar las bases para que no ocurra más. Todavía estamos a tiempo de vivir en un mundo mejor.

Carmen P.

El cielo tiene color "panza burra"



¿Habéis oído alguna vez esta expresión…?

La primera vez que me la dijeron me quede perpleja, no tenía ni idea de lo que significaba.

Mire al cielo y comprobé que tenía un color gris oscuro que no asocié a nada en absoluto.

Seguramente la persona que me dijo esto, al ver mi cara de poker tuvo a bien explicarme que en su pueblo y desde la historia de los tiempos, cuando el cielo se tornaba de este color y hacía mucho frío, era lluvia o nieve segura.

Como el color del cielo se asemejaba tanto a la panza de estos tiernos animalitos se les atribuyó de lleno su nombre.

Hoy en día casi nadie utiliza esta expresión, al menos yo no la oigo por ahí, pero sí que hay gente que la conoce.

Yo misma la digo cuando en esos largos y gélidos días grises de invierno me asomo a la ventana y miro al cielo con desesperanza.

Para mis adentros me digo: Hoy, el cielo tiene color panza burra, lluvia o nieve segura.



Paloma

¿Qué hemos perdido?


¿Qué hemos perdido con respecto a costumbres familiares y sociales con el abuso en el uso de las redes sociales?

Hemos perdido la capacidad de relacionarnos de tú a tú con otras personas, incluso estando físicamente juntos cada cual atiende los mensajes que van entrando en nuestro wassap, en nuestra bandeja de correo o en nuestro perfil de facebook.

No apreciamos una buena compañía o una buena conversación. Hemos perdido el contacto físico con nuestros seres queridos, esto conlleva que no haya tertulias familiares, que tanto nos enriquecen, y a la vez la importancia de saber escuchar las opiniones de todos los miembros de una familia , tanto pequeños como mayores.

Hemos perdido la tradición de al menos hacer una comida en familia, eso facilitaba el diálogo.

Hemos perdido privacidad, pero en este caso cada cual es responsable de lo que cuelga en la red. Se ha perdido la relación con los abuelos, fuente de sabiduría, en esta generación se están perdiendo tardes enteras escuchando embelesados historias increíbles sobre las vivencias de nuestros mayores.

Los jóvenes y no tan jóvenes deberían recapacitar sobre todo lo que se están perdiendo y pensar si merece la pena perderse cosas tan maravillosas para crecer como personas.

Por el contrario también veo cosas positivas en el uso de las redes sociales, como que podemos contactar con los seres queridos que están lejos de nosotros, a veces nos reencontramos con personas que hace tiempo que no vemos, conectamos con la información a tiempo real y algo muy importante , que moviliza a una gran cantidad de personas en llamadas a la solidaridad.

Carmen P.

Los medios de comunicación y las nuevas tecnologías



¿Nos estamos haciendo adictos a las nuevas tecnologías? Es cierto que, sin movernos de casa podemos recorrer el mundo por medio de Google. Los móviles se están haciendo los grandes protagonistas de la fotografía y con el libro electrónico (en poco espacio) se pueden acumular un montón de ellos.

A pesar de todo esto ¿tenemos que olvidarnos de lo clásico, de lo que todavía existe y seguirá existiendo?

A mi, personalmente, sentada en mi sillón, un libro de papel entre las manos me sirve de compañía.

Reporteros y profesionales de la fotografía siguen estando con sus cámaras allí donde están los grandes acontecimientos. Hace poco recibió el premio Princesa de Asturias de la Comunicación y Humanidades el fotógrafo James Nachtwey que, desde que cogió una cámara hace 40 años, decidió ser fotógrafo de guerra. Él mismo dice que si una fotografía no está bien es que no te has acercado lo suficiente, que la fotografía no es apretar un botón, que hay que llegar donde no hay nadie para poder hacerlo y poder conseguir esa cercanía personal y compositiva.

Todo el progreso es estupendo si se sabe aprovechar bien. Internet nos está llevando a cosas extraordinarias, facilita el trabajo y todo se hace con más rapidez. Pero ojo… también pone en peligro a niños y adolescentes (lo escuchamos todos los días).

A mi me parece que alguno de estos instrumentos nos ha quitado intimidad. Ya no se escribe una carta, una postal que tanto gustaba recibirla de algún lugar donde estaban familiares o amigos. Los christmas navideños resultaban entrañables; ahora todo son whatsapp.

En el metro todo el mundo mira el móvil. Estás con amigos en cualquier parte y siempre el móvil está presente en todas las conversaciones. Entras en Facebook y sin buscarlo te enteras de la vida de personas que conoces.

Disfrutemos del progreso, pero con moderación.

Pilar Santoyo. Noviembre 2016